miércoles, 4 de febrero de 2015

En torno a la tragedia


Kazantzakis decía en una de sus obras (El jardín de las rocas): "Convertir el espectáculo de la muerte en una fuente de alegría, lanzar sobre el abismo un velo bordado con flores rojas y cuerpos que se entrelazan y dioses fantásticos, es sin duda el acto más heroico y más noble que el hombre pueda realizar. La tragedia es la hija de nuestra orgullosa alma que osa contemplar su propia imagen vacilando sobre el abismo".
Supongo que trata de responder una de esas preguntas que algunos nos hacemos a veces: "¿Por qué disfrutamos con el espectáculo de una tragedia? En ella se retratan las más crueles desgracias y los profundos dolores del ser humano. ¿Cómo, pues, podemos encontrar disfrute con la tragedia? ¿Cómo lo que en la vida real nos produce pavor y repulsión en la ficción resulta de nuestro agrado? Ya en la antigüedad se plantearon esta cuestión: esto se explicaba mediante el fenónemo de la catarsis, mediante el cual se producía una purificación en el espectador a través de las sensaciones de terror, piedad y compasión experimentadas. Por este motivo el que contemplaba el espectáculo podía sentirse limpio y puro, después de haberse purificado espiritualmente. Así lo explica Aristóteles en su Poética. La catarsis también existe en el campo de la biología: el DRAE la define como una expulsión espontánea o provocada de sustancias nocivas al organismo. Lo mismo sería lo que se da en el mundo del arte, sólo que al tratarse de algo psicológico no es tan visible como lo que ocurre en el campo científico, pero quizá sea esta causa ya explicada por Aristóteles el verdadero motivo por el cual el espectáculo de la tragedia conmueve y gusta al ser humano. Pese a ello, la tragedia creo que siempre guardará cierto misterio (al menos para mí) que la hará algo especial. En cuanto a la comedia resulta obvio la cantidad de beneficios que la risa nos puede aportar.
Kazantzakis además concibe la tragedia como un acto de valor en el que el ser humano se atreve a mirarse a sí mismo en sus peores circunstancias, una arriesgada apuesta por el dolor en el mundo del arte. ¿Quién tiene valor como para, con todas las desdichas que tiene la vida, atreverse a seguir contando más y más de lo mismo en vez de escribir cosas alegres?
Lo cierto es que este género literario sigue con nosotros tras el paso de tantos siglos y parece que no estamos dispuestos a alejarnos de él, sino a tomar del arte lo bueno y lo malo de la vida, del mismo modo que hacemos, inevitablemente, con nuestra existencia. Tal vez necesitamos esa vida paralela, que es el arte, como la medicina de nuestra mente. Tal vez (o seguramente) el arte no sea un capricho humano, un lujo social, sino que probablemente sea una necesidad psicológica. Así es como yo lo entiendo.

(Publicación original: 30 mayo 2007)

No hay comentarios:

Publicar un comentario